Editorial 2.- Televisión, la pantalla no tan chica con programas no tan nuevos.

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Como siempre antes de comenzar este editorial, quiero agradecer a todas las personas que hacen este blog, su trabajo es cada día mejor y el gran éxito que hemos tenido lo demuestra, esta semana quiero agradecer en especial a Jocmyk, nuestro diseñador gráfico, que como habrán notado dejó el blog luciendo de rechupete y constantemente actualiza los wallpapers y me envía portadas para las editoriales. Y para finalizar, también quiero agradecer a los lectores, pues al final son ustedes quienes hacen este blog con sus visitas y sus comentarios, esperamos que sigan con nosotros y que nos dejen sus impresiones buenas o malas debajo de cada entrada.

Esta semana he dedicado mi espacio en este blog a recordar cosas buenas que pasaban en la televisión cuando yo era niño, de ahí que casi todo estuviera dirigido al público infantil. Como de costumbre no es por casualidad, todos nosotros crecimos con la televisión y la vimos cambiar junto con nosotros, y a la vez vimos cómo surgían los programas infantiles dirigidos ya no a nosotros, sino a la siguiente generación. Nuestra reacción ante los nuevos programas no ha sido la más positiva, pero es simplemente natural, pues no están hechos para nosotros. Eso sí, muchos de ellos tampoco parecen hechos para los niños de hoy.

En los años 80s y 90s pasamos de la animación sencilla y la comedia física a programas de sátira y humor bastante más adulto de lo que estábamos acostumbrados, la industria de la televisión, si bien no era nueva, no estaba aún madura y vimos una gran variedad de televisión que hoy en día no es considerada apropiada para la edad que teníamos. Los animadores experimentaban con nuevos públicos y los televidentes no estaban conscientes, de este modo programas estrictamente para adultos como “El Crítico” o “Duckman” generaron tanta polémica: eran animaciones, pero hablaban de sexo, violencia, drogas, y la amargura de la vida. Y más que cambiar sus emisiones para ajustarse a su público objetivo fueron rechazadas por los críticos y eventualmente las televisoras, particularmente en Latinoamérica. No era lo mismo un chiste que pudiera o no entenderse sobre intimidad, a la sinceridad y crudeza de los nuevos programas, y de este modo se activa la alarma de la censura televisiva y si antes existía cierta permisividad, ésta se agotó deprisa.

Los que íbamos creciendo lo vimos como una afrenta, la animación siempre había sido nuestra, no pensábamos que  pudiera existir otro público, y lo que más sufrió quizá fue el anime, que tuvo además su buena tanda de ataques por parte de grupos religiosos, madres preocupadas y críticos ignorantes. A la larga, esto no solo afectó a las televisoras que emiten los programas sino a los creativos que debían venir con nuevas ideas.

Vamos a ver un rato la televisión hoy en día, usemos los canales para niños, y veamos qué van a recordar ellos con cariño cuando tengan nuestra edad. Podemos ver el milésimo refrito de la comedia de hermanos o del grupo de amigos que se meten en problemas, seguidos de su versión en chicas que ahora ya se ha puesto de moda que canten y bailen y hasta tengan sus propios videos musicales en el canal. Sí, los programas son de baja calidad y todo, pero aún no me alarmo porque recuerdo que ya era así en mi época, también existían Kenal y Kel, Pete y Pete, Salvados por la campana y cosas así, me empiezo a alarmar cuando al cambiar el canal encuentro que pasan la misma formulita en todos los principales canales infantiles de cable y que tienen maratones de todo el día, incluso existe un canal especializado en estos shows dirigido a las niñas. Y si bien el contenido en sexo y temas “ofensivos” ha decrecido, el contenido plástico, comercial y alienador está como distribuido con metralleta.

Y es que al parecer no es que se agoten las ideas, sino que tanta censura y protección ha provocado que los programas hagan ciclos, ya no hay Rocket Power pero hay Kick Buttowski, no hay Tom y Jerry pero hay Kid versus Kat, versiones blandas pero al final repeticiones de la fórmula básica, o la comercialización de ideas que antes eran una broma. Una escuela de monstruos solo para chicas es de hecho el setting de una de mis películas favoritas de Scooby Doo pero al menos en Scooby Doo hay una bruja malvada y una momia bebé.

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Y no tenian que estar a la moda para dar un producto muy divertido.

Ser valiente en la televisión es muy mal recompensado, sobre todo cuando se trata de generar contenido educativo, la verdad no encuentro en Dora la Exploradora, el mismo valor educativo que en Plaza Sésamo ni sé que tienen los “transformers al rescate” que ofrecer a la ciencia y la educación que no pueda verse en “El tesoro del saber”, un montón de espigas de trigo cantando sobre átomos a un espantapájaros y un granjero con birrete no es una idea demasiado complicada, pero de hecho esa es la razón por lo que cada vez los programas educativos tienen menos contenido, los padres prefieren exponer a sus hijos pequeños a entretenimiento que a estimulación, un niño entretenido es más fácil de cuidar que uno estimulado.

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Quizá en Fox sea donde mejor han comprendido que la animación no tiene que ser para niños, por mucho que nos aburran hoy en día los Simpson, no podemos negar que llegaron en el mejor momento para ayudarnos a madurar en compañía de la animación y el pensamiento crítico. Quizá el problema con ellos fue su excesivo éxito, la fórmula trató de ser imitada de miles de formas y quizá la más exitosa fue “Malcom el de en medio” que se sacudió el estigma de ser un rip-off por ser en acción viva y no animación. Por otra parte creo que a Seth McFarlane le debemos una disculpa.

Si miran la portada de esta editorial verán uno de los debates más unilaterales de la TV: “¿Todas las series de Seth McFarlane son iguales?” Pues les diré que yo solía pensar así hasta que llegó este sujeto:

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Esta es para mí la única realmente diferente, y no se trata de los personajes o de que sea la más graciosa. Family Guy, y American Dad, están centradas en la clase media alta de la población suburbana de Estados Unidos (o sease, la gente que según ellos mismo viven el sueño americano) y honestamente, tuvieron que volverlas súper absurdas para que fueran graciosas, Padre de Familia agotó sus buenos chistes y críticas en las primeras 2 temporadas y American Dad empezó en ceros, los personajes no tenían verdaderos problemas, salvo los que pudiéramos llamar “problemas del primer mundo” y los chistes tenían que centrarse en la total falta de sentido común y decencia de los personajes, Cleveland Show, se centra en la clase baja, de una familia de afroamericanos (Alerta: esto se hizo mejor en The Boondocks, pero ese no es el punto) y de repente la sinceridad se volvió a desatar. Los chistes racistas no eran ahora para burlarse del negro, sino de la sobre reacción del blanco, nos muestran los problemas sociales de EUA en su origen desde abajo, y por eso, para mí, vale mucho más la pena como crítica y como comedia que las otras dos… al menos hasta ahora.

Si vemos las referencias que hemos hecho hasta ahora, no veremos el patrón esperado, no necesariamente el mayor presupuesto hace un producto mejor, a veces hace falta tomar un riesgo o dar un poco de libertad a los creativos. Si describiéramos “Cantinflas Show” a un publicista seguro que nos tilda de locos, ¿Quién sabe cuál sería la clave del éxito de Ren y Stimpy? Pero ¿Porque no sucede? Empiecen el video en el minuto 5:42.

Porque hoy en día, además de todas las restricciones que existen, los productores desean ir a lo seguro, y eso es repetir las fórmulas conocidas y probadas, muchos de los programas más imaginativos que hay hoy en día son adaptaciones de alguna obra que era ya popular en algún otro círculo y representaba un menor riesgo: The Walking Dead (por aburrido que se haya vuelto, fue un hitazo por un tiempo y aún mantiene altos ratings), Game of Thrones, Agents of S.H.I.E.L.D., y un largo etcétera. Otros aprovechan el repentino interés de la gente en el tema de moda, como la explosión de series de vampiros tras el éxito de Twilight.

Si a estas alturas se preguntan “¿Ryo habla de restricciones, pero entonces porque hay tanto programa tan inmoral?” Les responderé: por los hoyos. Las restricciones tienen “fallas” o limitantes, de modo que aunque no puedes hablar tan abiertamente de sexo en tv, sí puedes hacer un programa sobre adolescentes embarazadas, o sobre jóvenes promiscuas con padres religiosos, o (disculpando la expresión) engendros de seres humanos degradando la especie en las costas de Jersey. Y quiero dejar en constancia que lo único que considero más denigrante que lo antes mencionado son los concursos de belleza para niñas y shows como “pequeños gigantes”.

Degenere absoluto.

No puedo evitar sentir que los números son para una subasta. No puedo aprobar esto.

¿Qué le falta a la televisión? Mucho más contenido, una mejor clasificación y que tengamos buen gusto. El morbo vende sin duda y debemos resistirlo para no transformar todo en desechos de MTV. Debemos ser muy selectivos al saber que exhibir a los pequeños y al final, tal vez buscar mejores alternativas que la televisión.

Y les adelanto que si Discovery y History tomaron el camino de MTV fue culpa nuestra. Aunque reconozco que ya había visto demasiadas veces ese documental de la segunda guerra mundial… ya no sé si prefiero las teorías que tenían que ver las conspiraciones de los nazis, o las de los aliens.

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