Editorial 6. Belleza fuera de lugar.

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En esta, nuestra sexta semana en este blog, hemos pasado por muchas cosas nuevas y hemos conocido gente fenomenal que nos deja sus comentarios en las distintas redes sociales y aquí mismo, y aunque poco a poco estamos ganando nuevos seguidores y para algunos nos hemos convertido en referencia. A todas las personas que han hecho esto posible, les reitero como siempre no solo mis agradecimientos, sino mis felicitaciones. A los autores por su constancia y su entrega, a nuestro diseñador por su gran voluntad y talento y a los lectores por su buen gusto y su lealtad, es bueno ver que incluso tenemos pocos o nada de trolls ¡Pura gente chingona caramba!

El tema de esta semana es mucho mas complejo de lo que merecen las páginas que le voy a dedicar, y de antemano me disculpo pues abordaré con menos conocimiento de causa de lo que me gustaría, temas que para muchos fans serán sensibles, estoy abierto a la crítica y a la corrección si llego a cometer un error, no obstante, eso no implica que sea menos firme en mi postura.

Haciendo un poco de historia, geografía, y etnografía, creo que no es un misterio para nadie que los seres humanos somos muy diversos, y que hemos cambiado con el paso de los años. Así como resulta evidente que en los últimos años del siglo pasado y primeros de éste nos hemos acercado mucho e intercambiado muchas cosas con nuestros hermanos de tierras lejanas, y una de las cosas que hemos intercambiado es el tema del editorial: la belleza.

Cuando los países orientales fueron re-descubiertos por Marco Polo, entre ellos ya existía una gran división y se consideraban extremadamente distintos los unos de los otros, y los occidentales por lo tanto eran poco menos que una pintoresca rareza natural. Lo mismo seguramente ocurrió con las civilizaciones de América a la llegada de los europeos. Y de entonces a ahora nos hemos dedicado unos a mezclarnos, y otros muchos a separarnos lo mas posible.

En el caso de oriente, la mezcla de culturas encontraría una resistencia de hierro, no sería sino hasta después de la segunda gran guerra global que los valores de occidente permearían con toda su fuerza. Y como sabemos, aún así los orientales le darían su propio toque a todo eso, como pasa en todos lados. Pero veamos que sucedió con la imagen de la belleza en oriente. El arquetipo del gran guerrero y del Daimyo con sus cabellos extravagantes y su físico particular fueron un standar en tiempos remotos, aunque podríamos decir que en una cultura que otorga poco valor a la unión por amor como la de la nobleza y la clase guerrera japonesa no importaba mucho. Para las mujeres fue mas difícil, la seducción provenía de sutiles detalles y características difíciles de lograr. Pero eso sí, todo resultaba de su propia idiosincrasia. 

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Y se preguntan porqué hay generaciones de personas con baja autoestima.

Tras la guerra, la mezcla de medios de difusión logró hacer llegar a las tierras de oriente a los héroes occidentales, hombres musculosos y con rostros cuadrados que desentonaban con las caras redondas y cuerpos con amplio vientre de los samurai, también les llegaron las mujeres altas, rubias, que mostraban un pecho prominente y se peinaban con rizos. La gente no podía cumplir estas nuevas reglas de belleza y no las veía en la calle, solamente en las películas y la televisión. Esto no evitó que incluso entre ellos mismos ciertos rasgos que no les eran propios fueran considerados hermosos. Cuando Osamu Tezuka trajo su estilo a la industria de la animación nacional, los japoneses adoptaron para siempre los expresivos ojos llenos de brillo que tanto desentonan con su fisiología. Del mismo modo las historias europeas de caballería y de guerra trajo a el nuevo standar a los personajes mas altos, y musculosos.

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En tierras Americanas el estereotipo heróico y de belleza heredado de Europa es todo un problema porque mayoritariamente, la piel clara y el cabello rubio son rasgos que ni tenemos, ni nos quedan, aún así por ejemplo, México es el país número 1 en ventas del tiente rubio para el cabello. Y aunque es tema para otro día, nos tratamos mal entre nosotros por el color de nuestro cabello y nuestra piel en lugar de identificarnos. 

Pero ¿A donde quiero llegar? bueno, hoy en día gracias a ese fenómeno que oímos mentar cada 2 segundos en los noticieros desde los 2000 llamado globalización, en todo el mundo las nuevas generaciones sufren una crisis de identidad, que bien podría ser interpretada como una crisis de diversidad. Los jóvenes orientales no pueden acercarse siquiera un poco los estándares de belleza occidentales sin someter a sus cuerpos a controversiales transformaciones: redondeo de ojo, remodelaciones de nariz, reubicación de grasa y un largo etcétera. Quizá si eres fan del K-Pop, o de los grupos femeniles de canto y baile japoneses como Hello Project pienses que sus modelos de belleza son superiores, pero cometerías 2 errores: el primero es que piensas al revés que ellas y el segundo que la mayoría de ellas, desde los 12 años se operan al punto de cortar un fragmento del músculo de su lengua para hablar adecuadamente el inglés.

 El “endoracismo” que es considerar inferior la propia raza por la razón que sea, y en eso nos parecemos mucho los japoneses, coreanos, y los latinos. Nos vemos a nosotros mismos como faltos de valor y nos menospreciamos entre nosotros. Pero lo mas curioso es que más o menos recientemente, hemos dejado de mirar a Europa (no digo Norteamérica  porque en su caso, los rasgos si bien son comunes no son endógenos, sino resultado de colonialismo depredador) como modelo y miramos los unos a los otros. Mientras las jóvenes mexicanas adelgazan a morir para entrar en la ropa de moda japonesa y se photoshopean los ojos mas ovalados, en Asia las chicas han comenzado a broncearse la piel, maquillarse para que sus ojos se vean mas grandes y a otorgar valor a nuestra cultura. Quienes están metidos en el rubro de la moda quizá hayan observado que ninguna de las 2 culturas ha absorbido a la otra ni total ni correctamente. Y probablemente puedan argumentar que las modas orientales no provienen de valores heredados de Latinoamérica ni de sus modelos, y aún si tienen razón, el hecho de que estamos intercambiando lentamente nuestras visiones de la belleza y la moda  en detrimento de nuestra cultura y nuestra salud es innegable.

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2 estilos, uno enmarca la belleza orientalizada, el otro exagera los valores de la Barbie con rasgos muy fuertes, y a pesar de su propio clamor, ninguno remotamente natural.

No soy un conocedor de modas, y honestamente, la contraparte masculina de este problema no es para mí un problema de lo que haga o deba hacer para alcanzar un estándar, sino el hecho de no puedo ni acercarme al estereotipo oriental, así como esos chavitos coreanos la tienen difícil para tener mi altura y forma de cara. Por desgracia para los que vienen después de mi, para muchas mujeres de la nueva generación aquí en Latinoamérica ese estándar es EL estándar. Si el príncipe azul es inalcanzable el cantante coreano mejor ni hablamos, y quisiera no decir que lo he visto, generando frustración y miseria entre las personas jóvenes. Si creen que exagero les recomiendo que trabajen un rato con adolescentes. 

Para los orientales, cuya natalidad cae como los objetos en vacío, el formar relaciones es ya tarea titánica, su desprecio por su propia fisonomía es muy probablemente un factor (aunado a una gran cantidad entre los que hay económicos y culturales) y como ven están peor que nosotros en algunos lugares. La razón de que este tema me alarme es la posibilidad de llegar a sus mismos extremos, pues aquí crece también la indiferencia hacia las relaciones con nuestros semejantes y en una sola generación podríamos caer en el mismo problema, y todo por no aprender a vernos a nosotros mismos por la belleza que aportamos al mundo.

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Nuestros rasgos son hermosos. Pero debemos aprender a verlos.

Diego Huerta dice que la foto de arriba es la niña más bonita de México. Pero con todo respeto yo lo pongo en duda. Como ella son muchas, y hermosas son todas. Es poco lo que puedo hacer por las orientales que se sienten feas, y que tampoco lo son, la belleza viene de todas las razas y nadie tiene porqué sentir vergüenza del color de su piel o el origen de su raza.

Quiero aclarar que no es mi intención meterme con la forma en que las chicas decidan vestirse o maquillarse, pues no es asunto mío ni poseo el conocimiento para criticar a nadie a este respecto. Pero sí me gustaría abrir la posibilidad de que se cuestionen porqué lo hacen de esa forma y si lo que encuentran no les gusta, puedan hacer algo para sentirse mejor con su propia forma de verse y ser. 

Gracias por leer.

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3 comentarios en “Editorial 6. Belleza fuera de lugar.

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