Editorial 15. El arte y la ciencia.

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No sería esta la primera vez que tocamos temas en que el arte y la ciencia sean cercanos, pero antes de profundizar me gustaría aclarar que, en mi opinión personal, los programas de televisión, el cine y los videojuegos, así como las novelas gráficas pueden ser considerados arte, y antes de que el lector decida hacer caer sobre mí toda su ira basada en el desprecio a ciertas formas de arte, diré que aunque una obra pertenezca a una disciplina artística, la obra en sí puede no serlo. Es decir, aunque el cine sea arte, las películas de crepúsculo no lo son.

No importa cuanto lo intenten

No importa cuanto lo intenten

Los que conocen mi programa de radio saben que dedico unos minutos a hablar de películas que relaciono con la psicología, (y me vale madre tus conceptos a medio cuajar y tu arrogancia, la psicología es una ciencia) y ya he mencionado varias veces como es que los artistas pueden expresar en su obra cosas que son casi un misterio para las ciencias humanas (humanidades). Películas como “El hombre sin pasado” de Aki Kaurismaki retrata la vida de un hombre que pierde la memoria lejos de su hogar, y quizá sea la única película que retrata lo que sucedería de un modo realista en su contexto. (digo, Desconocido con Liam Neeson es muy divertida pero nada que ver). Otras tienen el efecto contrario como “Atrapado sin salida” con Jack Nicholson, que empuja a la gente a creer cosas sobre la psiquiatría que distan de la realidad incluso en su contexto. Como vemos en ocasiones el arte puede ir un paso mas allá de la ciencia, o bien servir de punto de partida para la ciencia que debe corregir una creencia. Como partes de la vida humana, a veces se encuentran la una con la otra, e incluso cooperan

¿Cuantos grandes pensadores han optado por el arte para expresar mejor sus ideas? Lewis Carroll (A través del espejo), George Orwell (1984, Rebelión en la granja), H.G. Wells (la guerra de los mundos) y hasta el propio Galileo Galilei trató de hacer pasar sus teorías como un libro de comedia. Otros como Julio Verne convierten sus libros de aventuras y viajes fantásticos en tratados completos de ciencia, quien lea “Un capitán de Quince Años” hallará en él infinidad de datos sobre navegación marina, zoología por ubicaciones geográficas, historia e incluso entomología. Pero este conocimiento pasará al lector en forma muy natural, cosa que en muchos casos no se logra con la instrucción escolarizada. La ciencia se vale del arte para su difusión, tan es así que en 2 pasadas editoriales dedicamos cariñosamente nuestras letras a un gran comediante por haber inspirado centenares de carreras científicas.

Y por otro lado, aquellos que nos gusta la ciencia, y aquellos que la practican, tenemos que admitir que con el tiempo cometemos el error de pensar que la ciencia es una disciplina solemne y cerrada, llena de métodos y fórmulas invariables sin ver que el mundo es poco menos que aleatorio. Y es cuando llegamos a un punto de estancamiento. Varias veces en la historia el ser humano ha pensado que no puede ir mas allá, que su vida es lo bastante fácil y que no hace falta seguir haciendo ciencia en favor de nuevas técnicas y tecnologías. Pero es justo entonces cuando surgen del arte las ideas nuevas e imposibles que mueven el corazón de los inventores e investigadores. Desde hace siglos se sueñan con medios de transporte que nos lleven a lugares que no podemos ni siquiera ver a simple vista. Y el siglo XX fue un gran ejemplo de inspiración fantástica.

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“Ah el año 2000, si no tuviste un planeador personal no tuviste infancia…”

Y si quieren algo cercano a ustedes, volvamos el rostro a los años 60, años antes de que los teléfonos celulares fueran siquiera un prototipo y una época en que casi llegábamos a la luna. En esos momentos la popular serie de televisión Star Trek no solo presentaba el primer beso interracial de la televisión y se rodeaba de controversia, sino que nos mostraba la idea de la comunicación completamente portátil y la teletransportación. Y si bien solo uno de estos extraños sueños se ha cumplido, eso no implica que no se siga trabajando. Casi 25 años después, se creyó que en 30 años los autos volarían, el papel no acumularía polvo, la basura produciría energía y habría una cantidad absurda de películas de Tiburón en tercera dimensión. Además de patinetas que levitan y tenis que se abrochan solos. Miremos alrededor, o mejor dicho, en internet. Poco de esto se ha logrado pero todo está en desarrollo, existen enormes plantas que usan el metano que se desprende de la basura para obtener energía, hay cientos de prototipos de autos que levitan y uno que funcionalmente vuela, pero ninguno hasta ahora es viable para el uso doméstico. Y entretanto, el internet clama a la comunidad científica empuñando fotogramas de la obra de Robert Zemeckis: “¡¡TIENEN UN AÑO!!”

Marty! Tenemos que volver al pasado y evitar que inventen candy crush y flappy bird! Sin ellos la ciencia podría adelantarse otros 30 años!

Marty! Tenemos que volver al pasado y evitar que inventen candy crush y flappy bird! Sin ellos la ciencia podría adelantarse otros 30 años!

Pero la simbiosis entre el arte y la ciencia no es de un solo lado. Puede parecer obvio que el arte se beneficia de los avances en la tecnología, pero muchos no lo ven así. No solo se trata de las cosas increíbles que se han puesto en la pantalla grande gracias a las computadoras. Sino al provecho que se les ha sacado en otros ámbitos. Aún si nos sentimos reacios a aceptarlo, la música ha visto en la computación una fuente inagotable de recursos. Muchos géneros se aprovechan de sonidos generados artificialmente por sus PC para lograr la pieza como la imaginamos, y en este momento escucho a Josie Charlwood, talentosa de la música que se aprovecha del software para poder ella sola interpretar este magnifico cover de Feel Good Inc. Hecha famosa por Gorrillaz.

Poco queda por decir, pero como conclusión me gustaría repuntar el hecho de que sin arte o ciencia el progreso se estancaría, el científico ha de ser creativo y el artista todo un técnico para ser los mejores.

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